Marco teórico
Existen diversas causas para que lleven una persona a lastimarse a sí misma, pero cuál es su finalidad o que las motiva a actuar de esa manera, es posible que encuentren cierto placer al hacerlo, o quizá una forma de autocastigarse por algo y siente alivio al provocarse dolor, sin duda se trata de un comportamiento desadaptativo, Lorenzo-Cáceres (2019) nos menciona que es una fase cognitiva previa denominada pensamientos Autolesivos No Suicidas.
El término autolesión se incluyó por primera vez en el DSM-III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) y fue catalogado como un síntoma del trastorno del límite de la personalidad, luego en el DSM 5 se consideró diagnosticar como una afección con entidad y criterios diagnósticos propios bajo el nombre de Autolesión No Suicida (ALNS), para diagnosticar como trastorno, se deben observar algunos criterios que pueden ser guía para emitir un diagnóstico, de acuerdo a lo que comenta la autora (Lorenzo-Cáceres, 2019) son importantes las características de la conducta como la finalidad, los antecedentes emocionales y cognitivos, el marco sociocultural, la temporalidad; así mismo participan diferentes variables importantes que se deben tomar en cuenta, estas son físicas, psicológicas, personales, económicas y socioculturales.
Los criterios para las Autolesiones No Suicidas, según el DSM-5 (cita) son:
1) En el último año, el individuo ha dedicado 5 o más días a ocasionarse daños intencionales autoinfligidos en la superficie del cuerpo, con la posibilidad de provocarse sangrado, hematomas o dolor (por ejemplo, cortar, quemar, apuñalar, golpear o ejercer excesiva fricción) con la intención de que las lesiones causen daños físicos leves o moderados, es decir, sin intención de intento suicida.
2) El individuo que incurre en conducta autolesiva, la realiza con una o más de las siguientes expectativas: a) Obtener alivio de un sentimiento o estado cognitivo negativo, b) resolver una dificultad interpersonal c) inducir un estado emocional positivo.
3) La lesión intencional se asocia con al menos uno de los siguiente factores: a) dificultades interpersonales, sentimiento o pensamientos negativos, como la depresión, la ansiedad, la tensión, la ira, la angustia o la autocrítica, que se producen en el periodo inmediato antes del acto de autolesión, b) antes de incurrir en el acto, presenta un periodo de preocupación acerca de la conducta a realizar, que es difícil de resistir, c) piensa frecuentemente en autolesionarse, incluso cuando no lo llegue a concretar (Toledo, 2019).
“Factores asociados a las autolesiones no suicidas son el abuso en la infancia, presencia de desórdenes mentales, desesperanza, ser del género femenino, así como pertenecer a la cultura gótica” (Cuevas, 2019, p. 12).
Las tasas de autolesiones sin ideación suicida surgen desde la niñez e incrementan hacia la adolescencia, especialmente entre las mujeres. De hecho, algunos investigadores indican que al inicio de la adolescencia las mujeres presentan índices hasta tres veces mayores que los hombres. (Méndez, 2016, p. 9).
“Se reportan diferencias sexuales relacionadas con el mecanismo de lesión, ya que las mujeres reportan mayor frecuencia de cortes y tallados de la piel, mientras que los hombres prefieren golpearse o quemarse” (Méndez, 2016, p.10).
Siguiendo en esta misma línea, sabemos que es en la edad de 14 años cuando los adolescentes inician con alguna conducta autolesiva y la población de mayor riesgo se encuentra entre los 18 y 25 años, aunque en APA, (2014) citado en Lorenzo-Cáceres (2019) hace referencia que la edad en riesgo se extiende hasta los 29 años y que es ahí cuando empieza a decaer la tendencia y son las mujeres las que realizan más comúnmente esta práctica.
Marco conceptual
La Asamblea Mundial de la Salud, a través de la resolución WHA49.25 dictaminó en 1996 que la violencia es un muy importante problema de Salud Pública alrededor de todo el mundo. Ese mismo año la Organización Mundial de la Salud elaboró por pedimiento de la Asamblea Mundial de la Salud un esquema de la tipología de la violencia para caracterizar los diferentes tipos de violencia y los vínculos que entre ellos tienen lugar (OPS, 2003). Por lo demás, se reconoce al suicidio como la forma más violenta y extrema de todas las conductas autolesivas.
Tipos de violencia
En tono con los mismos datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2003), la OMS clasifica a la violencia en tres categorías generales, de acuerdo a quién la efectúa, así estas son:
1. La violencia interpersonal es la violencia imputada por una tercera persona o un pequeño grupo.
2. La violencia autoinfligida es la violencia que una persona se inflige a sí misma.
3. La violencia colectiva es la violencia realizada por grupos más grandes de personas, como el propio Estado, organizaciones políticas, guerrillas irregulares y organizaciones terroristas.
La OPS (2003), señala también que estas tres tipologías de violencias se subdividen a su vez en otras más específicas.
En cuanto a la violencia autoinflingida, es una forma cada vez más frecuente de violencia y se define como un tipo de violencia que se dirige a uno mismo, es la alteración o destrucción directa y deliberada de una o varias partes del cuerpo y por regla general no implica una intención suicida expresa y consciente (OPS, 2003). Así, la violencia autoinflingida o autolesiva comprende toda conducta deliberada destinada a producirse daño físico en el propio cuerpo, de manera intencional y directa, esto es, busca tener un impacto inmediato sobre el cuerpo de quien las produce.
Como dijimos en líneas previas, por lo general, una persona que se autolesiona a sí misma no tiene la intención explícita e inmediata de morir; sin embargo, en la práctica clínica hay evidencia de cierta ambivalencia al respecto de esta aseveración (Villarroel, Jerez, Montenegro, Montes, Mirko, y Hernán, 2013). Por ese motivo, en la presente investigación se considera dentro de la conducta violenta autoinflingida el daño autoinflingido o autolítico deliberado, la ideación suicida, los intentos de suicidio y el suicidio consumado; a su vez, en el rango de las conductas autoinflingidas o autolíticas se incluye el automaltrato corporal que implica actos como la automutilación, misma que puede ser de acuerdo a la OPS (2003):
1. Grave, que incluye acciones como amputarse dedos, manos, brazos, pies o genitales
2. Estereotípica o superficial, que pueden ser golpearse la cabeza contra la pared, morderse, golpearse brazos o manos, arrancarse los cabellos o golpearse la cabeza.
3. Superficial o moderada, como cortarse superficialmente a sí mismo, arañarse, clavarse agujas u objetos punzo cortantes leves, o tirarse del cabello de forma compulsiva.
Existe evidencia de que las conductas de autoviolencia están vinculadas a métodos de autolesión que causan por lo general daños y/o heridas de baja letalidad (Villarroel, J., Jerez, cita), es decir son de tipo superficial o moderada (OPS, 2003).
El concepto de conductas autolesivas excluye a los hábitos de fumar, beber y/o comer en exceso, pues, aunque estas conductas también generan un detrimento gradual de la condición de salud, la motivación principal de quienes las realizan es la búsqueda de placer y consuelo, por lo que no se les considera conductas autolíticas per se, aunque es sabido que son una fuente de daño a la salud, (Villaroel, et al 2013)
El concepto central de esta investigación también excluye a las prácticas y rituales culturales de autoflagelación, que se comparten dentro de diferentes culturas o de ciertas denominaciones religiosas. Se entiende que estas pueden ser tomadas como conductas autolíticas, sin embargo, están enmarcadas en un contexto ideológico de creencias y tradiciones compartidas, que tienen más bien un significado simbólico, que por lo general representan actos de purificación, de valentía o incluso de pertenencia. (Villaroel, et al 2013).
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